Shhhh…

Solo se percibe cuando el Zoko se queda vacío. Cuando la música calla y el olor a lima y tartar empieza a desvanecerse. Es en ese instante cuando uno puede escuchar los murmullos derramados por todos los que ya se han ido. Frases que han quedado suspendidas en el ambiente, entre las mesas, sobre la barra, junto al botellero o en el pequeño sótano de ladrillo visto. Es en ese momento de soledad cuando se escuchan, susurradas, todas esas expresiones de placer, los ¡Ohhs…!, los ¡Uhmmm!, o los “¡qué rico, por favor!” y ”¡esto está cojonudo!”. Porque esas voces se quedan todas las noches, alimentando el local de sonidos y rumores, llenándolo y vigilándolo.

Incluso nosotros, los socios y amigos de esta tribu gastronómica, Peter, Javi, Mikel, somos capaces de percibir, en la quietud del local vacío, pequeñas formas espectrales que siguen ahí todas las noches: las miradas cómplices de nuestros clientes, sus sonrisas, sus cuchicheos y sus arrumacos, sus manos juntas por debajo de la mesa, sus besos, sus guiños o sus conversaciones. Miramos las sillas vacías y os recordamos a todos, y sabemos que queréis volver pronto, porque reconocemos en vuestras caras ese estado de encantamiento que llamamos ‘Zokoinomanía’…

 

JON SISTIAGA
Zokoinómano y Socio, por ese orden.
(@jonsistiaga)

 


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